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Firma del compromiso del mundo cristiano con la prevención del consumo de drogas

INTERVENCIÓN DE S.E. LA PRESIDENTA DE LA REPÚBLICA, MICHELLE BACHELET, EN FIRMA DEL COMPROMISO ENTRE EL GOBIERNO DE CHILE Y LAS IGLESIAS CRISTIANAS EN LA PREVENCIÓN DEL CONSUMO DE DROGAS Y ABUSO DE ALCOHOL


SANTIAGO, 21 de abril de 2008


Amigos y amigas:


Esta mañana lo que estamos haciendo acá es compartir la alegría del trabajo conjunto.


Y es muy bueno que nos reunamos en esta casa de los Presidentes y Presidentas de Chile, convocados por una causa muy noble, cual es la de trabajar unidos por la prevención del abuso de drogas y alcohol, y también para la rehabilitación y reinserción de las personas afectadas por estas situaciones.


Y sin duda, yo decía, una causa muy noble, y es una tarea país, en la que deben confluir todos los sectores e instituciones, dada la complejidad del problema y la diversidad de quienes lo sufren, y la necesidad de que todos estemos ahí, trabajando unidos para prevenir, para rehabilitar, para diagnosticar, para acompañar.


Por eso que creo que es encomiable el compromiso de todas las iglesias, que sabemos cuán sólidamente enraizadas están en la sociedad chilena.


Y uno lo puede ver, y yo lo veo con frecuencia, cuando recorro las poblaciones, cuando hablo con la gente en los barrios. Las iglesias cristianas son fuente inagotable de solidaridad. Y en este campo concreto, cuando estamos hablando de la droga o del alcohol, las Iglesias han rescatado a incontables jóvenes de este flagelo y han contribuido a que puedan ser personas más sanas y más integradas.



Por eso mi reconocimiento como Presidenta de todos los chilenos.


Conozco bien la labor de las Iglesias cristianas y sé de sus esfuerzos destinados a guiar a muchas personas en la búsqueda de un sentido profundo de la existencia humana, como también de las razones para integrarse a una sociedad y desarrollar una vida digna y provechosa.


Y en la dramática realidad del abuso de drogas, el mundo cristiano cumple una importante labor social y hace una enorme y valiosa contribución.


Las Iglesias también se han pronunciado con mucha fuerza respecto de la desigualdad de nuestra sociedad y tienen una poderosa presencia en la lucha contra la pobreza y la discriminación.


Si bien ricos y pobres consumen droga, y alguien podría decir "no hay diferencia", sí hay graves consecuencias derivadas del tipo de droga usada, y eso está determinado también muchas veces por las condiciones económico-sociales.


Sabemos también que muchas veces el problema del alcohol o de la droga está unido a la vulnerabilidad y a la marginalidad. La pasta base, que causa los mayores daños a la salud física y mental, es consumida, generalmente, entre los sectores más pobres, con lo cual, además, se acentúa la brecha de desigualdad.


Y nosotros hemos planteado que como país que va creciendo, un país que crece, que se desarrolla, tiene que ir de la mano de un país que protege, que acoge. Y que esta consolidación de este sistema de protección social también tiene que ser parte de él, programas tales como la prevención de las drogas, para poder generar y garantizar oportunidades a todos los chilenos.


Y es por eso que enfrentar el abuso de las drogas y el alcohol es un desafío esencial para garantizar y asegurar la calidad de vida y la protección social de las personas. Y, en ese sentido, se trata de un desafío profundamente humanista.


Queremos una sociedad más sana. Mas, no podemos hablar de una juventud sana o de un país sano, si no reducimos y eliminamos el consumo de drogas y el problema del alcohol.


Según estudios recientes, 640 mil personas han usado drogas ilícitas recientemente y otras 600 mil abusan del alcohol. Es decir, creo que estas cifras puede que sean incluso un poco más chicas que las reales, pero si esta realidad fuera cierta, estamos hablando de al menos un millón de personas.


Y detrás de cada una de ellas, porque, claro, los números son mucho más que números. Estamos reflejando lo que sucede, el drama de los problemas asociados: el fracaso y la deserción escolar; el ausentismo laboral; los accidentes de tránsito; los accidentes del trabajo; la pobreza; la ruptura de las relaciones comunitarias; la ruptura de las relaciones en la familia, que incluso llegan al peor grado cuando se expresan a través de violencia intrafamiliar; el robo con violencia; el homicidio, por mencionar algunos de los elementos que están asociados muchas veces al consumo de alcohol y drogas.

La verdad es que el gobierno tiene dos estrategias para abordar el problema de las drogas: la Estrategia Nacional de Drogas y la Estrategia Nacional de Seguridad Pública, y ambas se potencian y se enriquecen. Son integrales y le otorgan tanta importancia a las políticas de reducción de la demanda, es decir, a la prevención y a la rehabilitación del consumo de drogas, como a la prevención del tráfico, el delito y la violencia que van asociados.


Y queremos evitar el problema antes de que aparezca, mediante una acción orientada a evitar el daño que genera el consumo de sustancias, con programas preventivos en la escuela, en la familia, en la comunidad o en los lugares de trabajo.


Y en este campo, la alianza permanente en materia de prevención y tratamiento de drogas entre las Iglesias y CONACE no es nueva. Desde hace varios años que hemos desarrollado esta colaboración, de la cual dan cuenta muchos casos concretos en este país. Y de hecho, la mesa que llegó a este compromiso, también estuvo aproximadamente un año trabajando.


Pero tenemos casos concretos, de los cuales podamos dar cuenta de lo positivo de esta simbiosis de este trabajo conjunto.


Junto a la Iglesia Católica hay un trabajo permanente a través de la Pastoral Nacional de Alcoholismo y Drogadicción y su escuela de formación de líderes; la Vicaría de la Familia; la Vicaría Zona Sur; la Vicaría de la Esperanza Joven; los Obispados de las diversas regiones del país; congregaciones y organismos como la Fundación Cristo Vive; el Hogar de Cristo; Un Techo Para Chile, y muchos otros.


También trabajamos unidos con cada una de las Iglesias Evangélicas en particular; asimismo con la Mesa Ampliada Unión Nacional Evangélica; la UNIECH; el Servicio Evangélico para el Desarrollo; la Asociación de Comunidades Terapéuticas Evangélicas de Chile, ACTECH.


¿Qué es lo nuevo de este compromiso?


Que a partir de éste vamos a elaborar un plan de acción que va a permitir hacer más concreto este trabajo y abordar de manera más efectiva el desafío que enfrentamos.


Principalmente, a través del programa "Previene en la comuna", con un reforzamiento específico en el espacio local donde se ubican las iglesias, sus templos y sus capillas.


Hemos creado un fondo comunitario del cual las organizaciones sociales reciben financiamiento para sus propios proyectos preventivos.


Quiero resaltar, por ejemplo, lo hecho por la Junta de Vecinos de la población Juanita Aguirre, de San Bernardo, que junto con la Iglesia Getsemaní, impulsa el proyecto "Por una vida sana y libre de drogas y alcohol", destinado a promover estilos de vida saludables y a fomentar los factores protectores de la población.

Menciono esto, pero ejemplos como éste están en todas partes de Chile.


El año 2007, a través de Programa Previene, atendimos a 3 millones 300 mil alumnos de 11.565 establecimientos de todo el país, con 5.531 docentes capacitados.

Y hoy también estamos haciendo un llamado a los colegios particulares pagados, muchos de los cuales también se relacionan con las Iglesias cristianas, para que se unan a este desafío y apliquen este programa.


Pero aquí se ha dicho por quienes me han antecedido, que un elemento central cuando uno quiere fortalecer la prevención, es fortalecer la familia.


Y durante el año 2007, doce mil 362 nuevos monitores aplicaron el programa de prevención en 66.948 familias del país. A partir de este compromiso, las respectivas Iglesias incorporarán al programa "Prevenir en Familia", las perspectivas del trabajo pastoral y espiritual que desarrollan.

Hemos trabajado con Iglesias y Fundaciones para multiplicar nuestro esfuerzo. Están las Fundaciones Paréntesis, Don Bosco, Paternitas y el policlínico Obispo Enrique Alvear; y los centros vinculados a las Iglesias evangélicas, como Carpe Diem, No te Rindas, Shalom, Crehad y Jireh.


Eso entre numerosas otras actividades, como las que desarrollamos con jóvenes que ingresan al sistema penal adolescente, para acompañarlos y evitar que sigan en la espiral del delito.


La verdad es que es mucho lo que se hace, pero también es cierto, como nos pasa en muchos temas, es mucho lo que tenemos por avanzar.


Y hoy hemos firmado este acuerdo con las Iglesias cristianas, y estamos convencidos, y las diferentes experiencias así nos lo demuestran, de que la políticas públicas y los programas funcionan, cumplen su objetivo y llegan a buen puerto, cuando los ciudadanos y sus instituciones se hacen parte de ellas, cada uno en su especificidad y su rol, pero trabajando juntos.


Por eso que con el permiso aquí de los dignatarios, obispos, pastores, sacerdotes y agentes pastorales, me permito recordar el salmo 133 y expresar a ustedes mi alegría por este compromiso:


Como dice el salmo: "¡Qué bueno, qué grato convivir los hermanos unidos!"


Y agrego, por mi parte… por el bien de nuestra patria y su gente.


Muchas gracias.